El 2 de Marassi
En la ciudad del sur más al norte de Italia, no hay Derby della Lanterna este año
La Sampdoria cambió la Champions por el descenso y los Grifoni del Genoa lucen con orgullo su liderazgo
Vuelven a ser los dueños de la ciudad
Marassi es suyo

Al barrio de Marassi llegó este verano Lucas “El Camello” Pratto. Con un físico poderoso y seis goles en la pasada Libertadores con la Universidad Católica de Chile, el delantero argentino seguía el camino de Diego Milito y de Rodrigo Palacio. Elegía Génova como lugar de entrada a Europa
Los Grifoni, seguidores del Genoa, le recibían con la fervorosa melancolía de un equipo que fue grande hace tanto tiempo que parece inevitable que las sudorosas casas de apuestas del puerto no terminen de confiar en el equipo
Igual de inevitable que parece ser católico y comunista entre tanta cuesta empedrada y tanta montaña con sabor a sal. Tiene que ser díficil mantener la fe en Il club piú antico d’Italia, que suma cada año uno más a sus 86 sin ganar un título de liga. 86 años de descensos y bancarrotas, de partidos en Tercera en pueblos perdidos, de traicioneros regates de Gigi Meroni
Años de pena por la muerte del hincha Vincenzo Spagnolo
Años de espera y homenajes
De lluvia, de inmigrantes en los muelles, de pescadores huyendo de Portofino
Demasiado tiempo de espera como para tener paciencia. Y más aún si los 8 millones de euros de Gilardino y los 12 goles de Palacio te quitan el hueco en la delantera. Parece mejor volver a casa, vestirse de blanco Vélez y jugar sólo la Libertadores
La camiseta rossoblu con el 2 a la espalda espera su vuelta en Marassi
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* la fotografía está sacada de www.goal.com
Budapest: la invasión que no llega
Nueva sección: Guías de Viaje
Budapest está tan lejos de París como de Moscú
Y los cuervos que pueblan las orillas del Danubio ya no vuelan tanto

Acostumbrada a vivir en ruso, a la capital de Hungría le cuesta alejarse del Este
Las chaquetas de cuero, los almacenes de viviendas grises de extrarradio y la sopa caliente para cenar acompañan latentes el paseo del visitante. Paseo que se hace más sencillo cogiendo los tranvías, autobuses, trenes y metros que llenan la ciudad de cables, vías y andenes. Por unos 3850 florines, unos 12 euros al cambio, se puede comprar un abono transporte de 72 horas de uso ilimitado. Mucho más barato que un recorrido en autobús descapotado con grabaciones turísticas repetidas por megafonía interna
Con este abono puedes llegar desde cualquiera de las dos terminales del aeropuerto Ferenc Liszt al centro de la ciudad.Seguramente uno de los “cheap taxis” que esperan a tu llegada sea más rápido pero las destartaladas casas bajas con jardín que se amontonan a ambos lados del trayecto en el autobús 200E hasta la parada de metro de la línea azul de Köbánya-Kispest son la mejor bienvenida a Budapest
Y de Köbánya-Kispest, directo al centro en metro. Las luces del vagón te hacen sentir en mitad de un bamboleante baile austrohúngaro del que te bajas esperando en silencio la invasión que nunca llega. Y en esa espera, Budapest se muestra dividida: en la orilla oeste del río, la montaña y el barrio histórico de Buda; en la orilla este, la cuadrícula curva de Pest. Dos grandes ciudades unidas por largos puentes y por la sensación de que ambas lucen mejor desde el otro lado
Igual de bien que lucen las tiendas de moda en la peatonal Váci Utca, en la plaza Vörösmarty o en la avenida Andrássy. Zaras, Starbucks y McDonalds que se solapan con majestuosos edificios que esconden dobles ventanas, puertas de madera con apertura automática y sótanos repletos de tecnología rusa obsoleta

Entre restos apartados de revoluciones de Octubre, Budapest se descubre como una ciudad acostumbrada al frío extremo y al calor sofocante, perdida entre viajes combinados, entre Praga y Viena, entre el euro y el florín. Una ciudad que espera una invasión que le saque la incertidumbre de encima, que le permita ver más allá de anuncios de prostitución, que le permita seguir jugando al ajedrez desde la piscina de un eterno baño termal
Una ciudad en la que Sándor Kocsis tenga algo más que una calle, en la que Ferenc Puskás vea su estadio lleno, en la que Liszt y Wagner sigan tocando juntos
Una ciudad en la que si, después de aplaudir en la Ópera, de rezar en la Basílica de San Estebán o de rasgar un agujero en la bandera húngara, notas que la invasión no llega, siempre puedas comprar paprika de recuerdo
O el folklore en telas bordadas
O una bufanda del Ferencváros
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Guía de Budapest
El País – El Viajero – Guía de Budapest
Fútbol de Bolsillo – La envidia de Hungría
* las fotografías están tomadas del Facebook de Fútbol de Bolsillo
La envidia de Hungría
Ahora que el gol de Delibasic, la dupla de los armenios Henrikh Mkhitaryan y Yura Movsisyan y hasta el estonio Konstantin Vassiljev le han quitado el protagonismo, Hungría ya no oculta su envidia
Quería que la volvieran a mirar
Quería un hueco en la Eurocopa

Con la histórica retahíla de los “Mágicos Magiares” cargada a la espalda, la selección de Hungría ha vivido largas temporadas de despropósitos, derrotas y abandonos. Ferenc Puskás, Zoltán Czibor o Sándor Kocsis son leyendas que sepultan con su brillo a las nuevas generaciones. Siempre parece que nada será mejor que antes
Por mucho que hace un mes Gergely Rudolf marcara en el minuto 90 el 2-1 ante Suecia, la rival por el segundo puesto en el Grupo E. Por mucho que esta victoria despertara la ilusión por la repesca. Por mucho que pareciera que la Eurocopa estaba cerca
A falta de un partido, Suecia le saca tres puntos y le gana los resultados directos (2-0 para los suecos, 2-1 para los húngaros) a Hungría. Mañana, a las 20:00, Suecia, con Zlatan sancionado, se enfrenta en Solna a una ya clasificada Holanda. Con la amarga esperanza de una improbable combinación de resultados, Hungría juega a la misma hora contra Finlandia en el Ferenc Puskás de Budapest
Tiene que ser duro pasar tanto tiempo ocultos para acabar quedando terceros
Otra vez
Igual que en aquel Mundial Sub 20 organizado por la FIFA en Egipto en el otoño del 2009. Hungría quedó tercera tras perder 3-2 en la semifinal contra la Ghana de Inkoom, André Ayew y Agyemang-Badu y ganar por penaltis en el partido por el tercer puesto contra Costa Rica. Ghana se llevó el torneo en la final contra Brasil y Hungría ganó confianza, ilusión y al entrenador Sándor Egervári. Artífice de este equipo, Egervári firmó por la absoluta al año siguiente dispuesto a dirigir a la selección más prometedora de la historia reciente
Balázs Dzsudzsák, Zoltán Gera o el propio Gergely Rudolf eran la esperanza de Hungría. Jugadores técnicos que juegan en equipos relevantes en Europa y que eran la clave para volver a llamar la atención, para rescatar la esencia del fútbol magiar, para olvidar la envidia
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UEFA – Grupo E – Eurocopa 2012
PLANETA AXEL “Heroicidades: Montenegro, Armenia, Estonia”
Budapest: la invasión que no llega
* la fotografía está tomada de www.uefa.com

